El Aranjuez de Sampedro

Se sentaba sobre un sillón orejero. En él, ayudado de un tablero, improvisaba un pupitre sobre el que escribía y en el que también leía los diarios. En esa posición lo encontré en su casa del barrio madrileño de Argüelles hace ya más de diez años. Acudí hasta allí para entrevistarle junto a mi amigo y compañero Paco Novales. Era una mañana cálida, creo recordar que del mes de junio: grabaríamos la entrevista, la emitiríamos en la radio por la tarde y la publicaríamos al siguiente viernes en El Espejo.

Cuando salimos de aquel piso, acompañados por él hasta el ascensor, entendimos que era imposible desmitificar la intensa relación que se había labrado entre Aranjuez y José Luis Sampedro. No he encontrado el texto en mi archivo, pero es imposible olvidar como en cada una de sus respuestas (amables y generosas con dos burriatos que se iniciaban en esto del periodismo) se deslizaban siempre a sus vivencias y a sus amigos en Aranjuez. Tanto amor y respeto sentía por el Real Sitio que su contestador automático hizo una excepción cuando solicitábamos la entrevista y nos derivaba al años dos mil y no sé cuántos. Si son de Aranjuez, que vengan cuando quieran.

El amor de Sampedro por Aranjuez quedó reflejado también en su discurso de entrada en la Real Academia de la Lengua (1991). Así lo recordó este sábado la profesora Alicia Pascual durante la presentación de la Ruta Literaria de José Luis Sampedro en Aranjuez, que tuvo lugar en el Centro Cultural Isabel de Farnesio: las frondas de los árboles centenarios, los faisanes machos, la soledad frente a los dioses o la cara entre los barrotes de la verja del jardín, caída la noche del verano… Eran estos algunos de los elementos que despertaron en el joven José Luis su vocación de escritor y que ilustraron ‘Rea Sitio’, “la novela por excelencia sobre Aranjuez”, según Pascual.

Es precisamente el personaje de Marta en esta novela el que ha servido para trazar esta ruta en la que han trabajado también el arquitecto Alfonso Segovia y el periodista y escritor Ricardo Lorenzo. Un espacio se revela como fundamental en esta ruta: la calle de la Reina, “frontera entre el mundo cortesano y el mundo villano”, explicó Lorenzo, exhibiendo una apuesta rotunda por convertir a Aranjuez en sede de la Asociación de Amigos de José Luis Sampedro tras una experiencia repleta de vaivenes en Alhama de Aragón. Para ello, evocó el periodista a Max Aub: “Uno es de donde hizo el bachillerato”.

José Luis Sampedro llegó al Real Sitio en 1930. Su padre, médico de profesión, había sido destinado al Colegio de Huérfanas de Santa Cristina. Es este espacio, que hoy ocupa el Centro Cultural, el que da inicio a una ruta que avanza hasta su casa de la calle Primavera (alguien tan lleno de vitalidad como Sampedro solo podía vivir en una calle así), desde la que escuchaba los gritos de una vieja que vendía churros en una cesta de mimbre los sábados por la mañana: ¡Mingas calientes!, gritaba ella calle Capitán abajo, y los chiquillos le respondían con guasa, ¡para las viejas que no tienen dientes! Así lo contó Sampedro en el Patio de Armas de Palacio en 1990, cuando fue nombrado Amotinado Mayor de las Fiestas del Motín.

De allí, de Primavera esquina Capitán, la ruta se acerca hasta el Hotel Pastor (hoy colegio Sagrada Familia), hasta la calle de la Reina o hasta la barandilla sobre el Tajo del Jardín de la Isla, una de las fotos más emblemáticas de Sampedro en Aranjuez, recogida en uno de los marcapáginas diseñados por la Librería Aranjuez en el centenario del escritor. Todos echaron de menos la ausencia de la librería de Paco y Esperanza en esta ruta, a la que se pone fin en la Plaza de San Antonio.

De izquierda a derecha: Ramón Peche, Alicia Pascual, Ricardo Lorenzo y Alfonso Segovia.

Lorenzo defendió que “la mitomanía del lector no es más que poder llegar a un lugar y evocar y convocar allí al autor en cuestión”. Es algo que sucede con frecuencia en Baeza o en Soria, lugares de paso de don Antonio Machado. Y por eso reclamó una estatua de bronce que pueda sentarse junto al Jardín de Isabel II a contemplar el paso de los días en el Aranjuez de Sampedro. La sociedad ribereña le debe mucho al autor de ‘La sonrisa etrusca’, ‘Octubre, octubre’ o ‘La vieja sirena’.

Pronto nos toparemos con él, con su altura en bronce y su mirada tierna, y podremos convocarle a los lugares en que fue feliz y en que decidió hacerse escritor. Sampedro es un ribereño más porque en Aranjuez hizo el bachillerato.

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