La soledad

20160408_La SoledadSon las nueve, las ocho en Canarias. Un parque de Lahore, en Pakistán, ha sido el escenario de un nuevo atentado islamista que ha dejado 72 muertos, 29 de las cuales eran niños[1]. Es la última cifra la que hace estremecerse a don Guillermo, pendiente hasta ese instante del cacito en el que prepara un poco de sopa para la cena. 29 niños muertos. Ni el aroma de la sopa ni el calor acumulado en la cocina evitan que tenga que acercarse al cuarto para ponerse una rebeca por encima del delantal. Cuando regresa, el caldo ya está hirviendo. Con un movimiento tan lento como preciso, añade los fideos –a don Guillermo los fideos le gustan de cabello de ángel– y una pizquita de sal.

Natalia y Nacho se sientan a cenar frente a la tele encendida. Al niño le encantan los sanjacobos. A su madre no tanto, aunque esta noche le da igual, porque no tiene hambre. Tiene las fuerzas justas para llegar a la cama y pensar en la seis menos cuarto, la hora en que sonará mañana la alarma del reloj despertador. La explosión se produjo en el aparcamiento de Gulshan Iqbal, a unos pocos metros del parque infantil, repleto de niños debido a las vacaciones de Pascua. Nacho levanta la vista del plato, con la boca abierta, dejando entrever el jamón y el queso empanados deshaciéndose en la boca. En un acto reflejo, Natalia le imita sin saber muy bien qué está mirando, qué está pasando, de qué están hablando en la maldita tele.

No son horas de estar en la oficina, pero a Javier se le ha atragantado un informe. La impresora escupe las últimas hojas de su trabajo y él mata esos segundos navegando por Internet. La página del diario suelta impactos de bala publicitaria: seguros de hogar, nuevos modelos de coche y tarifas de telefonía móvil. Como si escapara por un embudo de anuncios y ofertas, una noticia le sacude la vista cansada. Javier se quita las gafas, se desanuda la corbata y se acerca a la pantalla de la computadora: La facción talibán Jamaat-ul-Ahrar -que ha reivindicado el atentado- ha asegurado que la minoría cristiana era el objetivo del ataque kamikaze. El objetivo eran los cristianos que celebraban la Pascua. Queremos enviar este mensaje al primer ministro Nawaz Sharif: hemos entrado en Lahore. Puede hacer lo que quiera, pero no podrá detenernos. Nuestros terroristas suicidas continuarán con estos ataques.

En el trabajo está también Ariel, aunque arrancando el turno de noche. Viste con un uniforme sencillo, de pantalón oscuro y camisa azul con dos bolsillos en el pecho. En uno de ellos guarda un bolígrafo y en el otro un paquete de tabaco. Está entrando en la cabina de cristal que le permite guardar distancia con los clientes del aparcamiento, aunque desde hace unos años apenas tiene roce alguno con ellos. Cambiar monedas, algún ticket que se engancha, indicaciones sobre el horario de apertura. Un suicida hizo explotar las bombas que portaba en el parque Gulshan Iqbal cerca de una zona infantil en torno a las 19.00 hora local, expuso por su parte el portavoz policial del área, Mohamed Salim. Antes de sentarse, Ariel también ha encendido la radio. A veces no lo hace por estar al tanto de lo que se dice. Lo hace más bien por sentir la voz de alguien que lo acompaña, la voz necesaria del que a menudo se siente solo.

Es una sensación similar a la que siente don Guillermo, viudo desde hace dos años, con dos hijos y tres nietos que viven fuera de Madrid. Los heridos están siendo conducidos a varios hospitales de la ciudad. Los trabajos de los servicios de rescate continúan y la cifra de muertos podría variar. La sopa, humeante, aguarda ya sobre la mesa de la salita. Junto al plato, una cuchara, una servilleta de papel y una copita de vino. La radio sigue expulsando la miseria diaria en la que se enfangan los seres humanos.

Natalia ya se ha levantado de la mesa. Su sanjacobo está intacto y ha cambiado de plato. Ahora espera a ser devorado por Nacho –los sanjacobos son su plato favorito–. La mujer está ya en la cocina, fregando la grasa de la sartén, limpiando la encimera de migas y restos de aceite, atando la bolsa de la basura, de la que salen tantos olores y tan nauseabundos. La tele, como si tal cosa, sigue a lo suyo. Hemos pedido ayuda al ejército. Los militares han llegado al lugar y ayudan a los servicios de rescate y con la seguridad, explicó Muhammad Usman, un alto responsable administrativo de la ciudad. Seguro de saber que su madre no está mirando, Nacho agarra el mando con la mano que le dejan libre los sanjacobos y busca en el dial los dibujos animados.

Un portavoz de los servicios de rescate de la ciudad, Jam Sajjad, explicó que el parque Gulshan Iqbal tiene una extensión enorme, con zona de actividades para niños y que en el momento de la explosión el lugar estaba lleno de familias que van a pasar allí la tarde los fines de semana. Javier sigue leyendo como si le pesaran las ganas de salir de la oficina. Se ha quitado hasta los zapatos. La impresora descargó el informe hace un par de minutos, pero a Javier le cuesta despegarse de la pantalla. El silencio de la oficina, sin teléfonos y sin conversaciones de café, le ayuda a concentrarse en la lectura después de diez horas en esa maldita silla: El Gobierno provincial del Punjab, de la que Lahore es la capital, informó en su cuenta de Twitter que se ha declarado el estado de emergencia en todos los hospitales de la ciudad y anunció tres días de luto oficial.

Ariel revisa el cambio en la caja de caudales, se asegura de que no falta papel en los cajeros automáticos y revisa la hoja de cálculo con la recaudación del turno anterior. Encuentra un par de fallos sin importancia de los que no dará parte a nadie. No alcanza a un paquete de tabaco, piensa. Las fuerzas de seguridad paquistaníes han detenido a 50 personas sospechosas de estar implicadas en el atentado, informaron hoy fuentes oficiales. Comprueba que nadie le reclama y sube al exterior para echar el último pitillo del día. El sonido de la radio se difumina paulatino en sus oídos. Agacha la cabeza, se encoge de hombros y, por un momento, se siente solo en su mundo.

Operación militar en la zona de Iqbal. 50 sospechosos han sido detenidos, informó el Gobierno del Punjab, del que Lahore es la capital, en su cuenta oficial de Twitter, sin ofrecer detalles de las detenciones. Don Guillermo suelta la cuchara sobre el plato, apura la copa de vino y se dirige a la mesita que tiene junto al sofá. Allí tiene un teléfono que descuelga. Se ayuda de una libreta pequeña para recordar el teléfono de sus hijos. La soledad se amansa al otro lado del auricular: jornadas laborales interminables, peleas de hermanos por el mando de la tele, el coche en el taller, Marisa en la cocina, recogiendo los restos de la cena…

Natalia ya ha hecho lo propio. Regresa al cuarto con una taza de infusión caliente, Nacho se ha dormido viendo las aventuras animadas de un capitán del ejército con cuerpo, cara y bigotes de gato. Con mucho esfuerzo, lo coge en brazos y lo lleva a la cama. Le cubre con un edredón de colores, le besa en la mejilla y le deja encendida la luz de la pantalla. Ella regresa a la salita, se sienta en el sofá y cambia de canal: El director general de la Oficina de Información del Ejército, general Asim Bajwa, afirmó en esa misma red social que los militares han llevado a cabo varias operaciones contra grupos insurgentes desde anoche. La infusión le quema la garganta.

A Javier le quema la vista. Con una agilidad incompatible con su abatimiento apaga el ordenador. Clic, clic, clic. Las ventanas se van cerrando y dejan a oscuras la oficina. Se calza los zapatos, se pone las gafas y se ajusta la corbata. Cuando se pone de pie, un pinchazo en el cuello lo inmoviliza por unos segundos.

Alguien le espera en la ventanilla de la cabina. Ariel aligera su paso por los pasillos del aparcamiento. Entra por la puerta lateral y saluda sin muchas ganas. De un cajón que tiene debajo de la mesa saca cinco monedas que cambia por un billete. Gracias, buenas noches. Redescubre en su oído el sonido de la radio: El portavoz militar indicó que han arrestado a supuestos terroristas y colaboradores del ataque, además de incautarse de armas y munición. Ariel, que pasará la noche en vela en la cabina de ese aparcamiento, ya no se siente tan solo.

[1] Un atentado talibán deja 72 muertos en un parque de Lahore, en Pakistán – Agencias – elmundo.es/ 28 de marzo de 2016

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