Cena para dos

Está muriendo el verano. Las fiestas del pueblo marcan en el calendario el retorno del otoño, que para nosotros sigue siendo tan monótono como el estío. Hace ya quince años que no salimos de vacaciones. Siete desde que no celebramos nuestro aniversario y cinco desde que no encontramos el regalo de cumpleaños bajo la almohada. Hasta aquí llegan los ecos de la verbena. La orquesta perpetra Cambalache, lo que no impide que muevas el pie al compás del tango en tu sillón, ése sobre el que te sientas cada tarde a leer esas novelitas románticas que tanto te gustan. En esta tarde de septiembre que toca a su fin reinan el calor y el silencio. Un silencio indignado, que denuncia a gritos que esto empieza a ser insostenible. Un silencio trágico, que se ha empeñado en quedarse a vivir. Lo has roto hace apenas diez minutos. La cena, claro. Tendremos que cenar. Deja, no te levantes, digo con resignación camino de la cocina. Decido preparar una ensalada. Mis manos agradecen el frescor del agua del grifo, bajo el que lavo la lechuga y un par de tomates que esta mañana traje de la huerta. Le pongo un poco de maíz y pongo también a cocer un huevo. Del estante de arriba saco una lata de anchoas, de esas que tanto te gustan aunque no espere siquiera ni un comentario de gratitud. Dos filetes de merluza, que sazono con pimienta negra y a los que pongo unas láminas de ajo, completarán el menú. Empieza a sonar la música en la sartén, que se mezcla con los acordes que llegan de la plaza. Por el ventanuco de la cocina veo que te has levantado. Con cierta pereza has cerrado el libro, doblando la página en la que interrumpes esa historia de amor que quizás tenga algo que ver con la nuestra. O quizás no. Lo dejas sobre el mueble del salón y te decides a poner la mesa. Cuando te acercas a la cocina, me apartas con la mano para poder abrir el cajón de los cubiertos. Dos tenedores, dos servilletas, dos vasos y dos platos. Todos son parejas perfectas, todos menos nosotros. Con todo preparado, te sientas a esperar. Ya estoy aliñando la ensalada y al pescado le falta solo un golpe de sartén. Apenas tardaré tres o cuatro minutos en servir la cena. Ya sentados, frente a frente, nos buscamos la mirada como cada noche. Pero ninguno es capaz de sostenerla. Nuestros ojos se deslizan enseguida al pescado, humeante aún. Esta noche, la merluza está llena de espinas. Antes de probar bocado, te dispones a llenar de agua los dos vasos. Es ahí cuando de nuevo rompo el silencio que nos acompaña cada tarde. Espera, te digo. Entonces me levanto y regreso con una botella de vino blanco, muy frío. No me pongas mucho, dices medio asustada. Después de llenar mi vaso, te invito a brindar. Noto la sorpresa en tu gesto. Tus ojos despiertan del letargo y dejan asomar el color negro que entonces me enamoró y que hoy lo baña todo de oscuridad. Yo me limito a sonreír, y aunque el brindis es solo el sonido del cristal cuando choca, noto que algo se mueve. Se mueve dentro de mí y se mueve, seguro, dentro de ti. Vaya, le has puesto anchoas a la ensalada, exclamas de pronto. En la plaza, la orquesta destroza ahora aquella canción que tanto nos hizo reír cuando la bailábamos de novios. Ya hemos cenado, así que recojo los dos platos, los dos tenedores, los dos vasos, todos sucios ya, como nosotros. Tú te acercas al baño y después siento como cierras la puerta del dormitorio. La orquesta de la plaza hace sonar ahora una ranchera. Desgarrada y solitaria, digna de las parejas más felices. De pronto asomas por el pasillo. Noto en tus ojos negros que intentas advertir alguna reacción en mi gesto, que va mutando según alcanzas la luz del comedor. Es el vestido que te regalé hace cinco años. El último regalo. Sí, es él. Y te sigue sentando como un guante. Salimos a bailar, ¿no?

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2 pensamientos en “Cena para dos

  1. Chechu:
    ¡Hermoso, muy hermoso! La primera intención ha sido de buscarle las vueltas, luego, más sosegado, he sentido algo parecido a cuando, hace dos o tres años, me enfrenté al vídeo de Mari Trini, ¡ya ausente para siempre!, sí, a eso lo llamo emoción. Creo que estás adquiriendo un excepcional dominio de la técnica narrativa, elocuente trama, atmosfera concisa y eficiente, imágenes muy singulares. Tu estilo confiere belleza y hay un punto de humor, muy contenido, que imanta todo el relato. Lo que digo para este cuento, en general, se ajusta a todo lo que voy conociendo de tu trabajo creador.
    Te felicito.
    Un fuerte abrazo,
    Cecilio

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