Agosto

Las seis letras de agosto nos conducen unas veces a la angustia del calor sofocante del mediodía. Otras veces desembocan en esa sensación de falsa comodidad que exhibimos en las hamacas de la playa: ¡qué a gusto que se está! Agosto es el mes del todo y la nada, el mes de la diáspora y de las fuerzas centrífugas. Los pocos habitantes del agosto interior tienen severos problemas para encontrar aspirinas en una farmacia de guardia y para comprar un periódico que cubra completas las dos horas de siesta a que obliga el calendario. Agosto es el mes de la Virgen, el de la información de las carreteras –a la que solo prestamos atención cuando estamos tirados en el sofá de casa– y el de los reporteros apostados bajo un termómetro tirano y callejero. Agosto reivindica los chapuzones clandestinos y las noches de gango, con su tortilla, su ensalada y su conejo al ajillo. Y para beber, su buena jarra de tinto con casera. En agosto metemos tripa y enseñamos los dedos de los pies. Agosto, ejercicio, ozono troposférico, color tostado, verbena, canción del verano y romance de luna. En agosto salen del armario tu vestidos de raso, tus gafas de sol y tus sombreros de colores, y cuando cae la noche, tus rebequitas de entretiempo. En agosto, a la orilla del mar, cumple años el olvido mientras te enrocas en el final de la última novela que te acompañó bajo la sombrilla. En agosto solo quiero que no me sorprenda la caída de la hoja. Nos vemos en septiembre.

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