Me quedo con su recuerdo

El pasado viernes fallecía mi abuela Antolina. Ya tenía 92 años. Enferma de Alzheimer, los últimos cuatro años los pasó postrada en una cama, en postura fetal, ajena a todo cuanto la rodeaba. A las muestras de cariño, al dolor, al sabor de los alimentos que injería a través de jeringuillas, a las caricias y a los cuidados que la dispensaban las auxiliares y enfermeras de la Residencia Real Deleite. Se había olvidado de todo. De sus años felices junto a su esposo y sus hijos, de sus hermanos y sobrinos que siempre la veneraron, de una larga vida de duro trabajo que la hizo fuerte hasta en el momento de su muerte. Era de aquellas mujeres que nunca se amilanaban, de las que se arremangaban para ordeñar al ganado y limpiar los corrales, que fregaban cántaros y botellas para el reparto diario y que le ganaban unos céntimos a la leche con un pícaro chorrito de agua. Y lo hacía sin rechistar y sin descuidar por un momento las tareas propias de la mujer que crió a tres hijos, que cocinaba para cuantos llamaban a la puerta, que visitaba la iglesia cada domingo y que encontraba siempre un hueco para cuidar de las plantas que llenaban el patio de su casa, envidia de las vecinas. Hace ya quince años de la aparición de los primeros síntomas de la enfermedad que lastró su memoria. Una pregunta insistente y sin sentido, una sartén olvidada al fuego y muchas noches en vela de conversación solitaria y desconcertante. El último recuerdo de lucidez que guardo de  ella se produjo hace doce años, tras la muerte de mi abuelo: “Ha sido un buen marido, un buen padre y un buen compañero”, dijo serena, sentada en su butaca. Después llegó la residencia, las sonrisas infantiles que le provocaba la visita de su hijo, los primeros pañales, la silla de ruedas, las palabras inconexas… Hace unos meses, una afección pulmonar se decidió a terminar con ella. La noche del deceso recibimos la llamada de la enfermera del turno de tarde, que nos alertaba del empeoramiento de su estado de salud. Los médicos del SUMMA rodeaban su cama intentando poner remedio a una situación irreversible. Ya en el Hospital del Tajo, mi padre y yo no dejamos de recibir información de todos y cada uno de los pasos que daba el personal médico. Al margen de su cercanía y en un momento tan duro, intentaban justificar que solo cumplían con su deber, que ninguna de sus decisiones era fruto de una arbitrariedad mal entendida. En esos momentos de angustia, nos dimos cuenta de la necesidad de que este país cuente con una Ley de Muerte Digna que acabe con el sufrimiento de personas como mi abuela, cuyo deterioro físico y psíquico es tan progresivo como irreversible. Una ley que complemente el delicado y esforzado trabajo de los profesionales de nuestra sanidad pública, en la que se vela por las personas y por su dignidad, y en la que se huye de los dogmas y las creencias que, en ocasiones como éstas, solo aportan sufrimiento. Mi abuela ya se ha ido. Lleva dos días compartiendo con su marido un espacio bajo la tierra. Yo me quedo con su recuerdo, el que ella perdió en vida de forma progresiva.

Anuncios

3 pensamientos en “Me quedo con su recuerdo

  1. Chechu:
    En este vergel de relatos que es tu blog, no sé si me hablas de tu abuela real o de la mía. Mas el relato es claro y limpio —no son el mismo adjetivo— y tiene la singularidad del mensaje. Como relato, formalmente, tiene una excelente factura y, sin decirlo, nos está señalando, a todos, un doble protagonismo: el de luchar por una ley universal y diseñar nuestro devenir ante el problema de la enfermedad irreversible y el tratamiento paliativo o la eutanasia.
    Te felicito por este trabajo, crónica o relato, excelente.
    Un abrazo,
    Cecilio

  2. Gracias por contarnos lo que algunos ya hemos visto, incluso con nuestros padres, gracias otra vez, por recordarme lo que ellos significan

  3. Chechu, lejos de debates de otro calibre, te acompaño en el sentimiento en la media que te aprecio, y te envidio por haber tenido a tu abuela tantos años cerca, aún entendiendo que ella no todos los pasó contigo ¡Ánimo! Yo guardo un ecuerdo increible de las mías que renace cada vez que leo algo así.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s